28 jul. 2011

Gozar con el sufrimiento

Llegó el momento de la verdad. Lo había deseado, meditado, pedido, y, por fin, conseguido.
Subí a aquella atracción fascinante que prometía aventura y riesgo. Y un gran miedo, de eso estaba segura. Solo pensarlo me emocionaba, esa sensación de pavor, de casi morir en ello. ¡Qué gusto más extraño! Gozar con el sufrimiento…¡Qué raro!
Arrancamos y ese cosquilleo de arrepentimiento brotaba como irrefrenable, me invadía y colapsaba. Sonreía forzadamente por no empezar a gritar. No había causa para ello más que la del conocimiento de lo que se avecinaba. Del resto recuerdo un gran arrepentimiento sabiendo de la imposibilidad de la marcha atrás, un gritar incesante, un frenético palpitar. Deseé la muerte inmediata, no podía ser peor, seguro. Menos mal que ahí estaba ella, mi madre, como siempre está. ¡Grita! Me decía, grita que no pasa nada.
Al parar tomé aire, sonreí, apenas podía andar, temblaba como un flan. A diez metros miré hacia arriba, allí donde había estado. ¿Podemos volver a subir, Mamá?

¿Hay alguien?


Busco ayuda desesperadamente y me encuentro solo sumergido en este abismo del que no se salir. Aun no se como llegué a esta situación, que camino tomé equivocado, que decisión fatal me impulsó a seguirlo. Asciendo o desciendo, no lo se. Trato de detenerme pero no lo logro. 
Vivo entre dos luces, a ambas temo, no se a cual dirigirme ni si debo, ni si puedo. Extiendo mi mano buscando esa ayuda que me libere de este lugar extraño y desconocido, viscoso y pesado que me aprisiona y me deja caer a un tiempo. Frío y cálido a cada momento, caótico, profundamente tétrico. Y sigo solo, cada vez más, ya ni recuerdo. 
Y me hundo y pierdo la serenidad, porque tal vez este hundir sea la meta o tal vez mi perdición, mi fin. 
Y trato de gritar, de ver o intuir siquiera una señal. Una señal que me guíe al origen del que partí, que tanto repudié y ahora añoro.
Si, me conformaría con volver, con sentir de nuevo ese perder el tiempo, ese malgastar la vida, ese aguantar lo inaguantable que tanto echo de menos. 
¡Eh, por favor! ¿Hay alguien?

19 jul. 2011

Libreta

Esa libreta que guarda pulsos de vida, unas veces como protagonista y otras como observador de uno mismo. De la soledad, de lo tedioso que es seguir y del hastío de lo que nos rodea. Nada nos satisface, nada nos lleva a ninguna parte. Solo nuestro pensamiento, unas veces interno y otras externo, nos ata a este mundo que muchas veces pensamos imaginario.
Abre de nuevo esa libreta, sin mirar lo que hay en ella, y  vierte en ella otro presente pasado.

5 jul. 2011

Náufrago

Superviviente de un naufragio, salió adelante impulsado por su instinto animal como recolector y depredador básico, algo casi olvidado por su genética. Fue de nuevo su instinto quien le empujó a descubrir los mundos ocultos tras la montaña.
Una infinita extensión de cemento, hierro y plástico surgía como desierto estéril frente a sus ojos. Huella de alguna alimaña del pasado ya extinguida.