31 mar. 2012

Encuentros en el camino


Se separaron hacía ya muchos años, cuando ella fue a la universidad.
Desde entonces, sus caminos se encontraban con una frecuencia cada vez más intermitente, aunque no por ello su sentir difería de su origen. La sangre es lo que tiene.
La vida le hizo madre a una y abuela a otra. Ahora compartían cosas antaño desconocidas por una y de estreno para la otra. Otro lazo de unión.
Son los lazos los que nos conducen a nuestros pasados más lejanos, viendo, desde fuera, como fuimos desde dentro sin tener ese recuerdo.
Ahora tenemos la necesidad de corresponder a quienes nos dieron lo mismo que nosotros damos, y entendemos que no nos correspondan como no lo hicimos nosotros antes.
Son ciclos que sentimos debemos cumplir. Una naturaleza interna nos indica el camino.
El tiempo pasa rápido y las oportunidades hay que aprovecharlas. La vida en su carrera no perdona.
Por eso realizaron ese viaje. Para volver a encontrarse allí, madre e hija frente a un mar infinito. Con poco que decirse pero mucho que sentir. Otra característica de la sangre, el entendimiento sin palabras.
Ya han vuelto a su rutina, al día a día de una madre y una abuela. Cada una por su camino con esos cruces, esta vez más frecuentes. Los nietos, es lo que tienen.

30 mar. 2012

Ley de vida


Cuando nos despedimos, su petición fue volver a vernos sin que pasase tanto tiempo.
Hacia 3 años que no regresábamos, 12 que se vendió la casa, y más de 70 que mi padre, ya difunto, recorría sus calles siendo niño.
Por el camino (3 horas de coche) fui redescubriendo un poco más a mi madre. Hablamos de su pasado, como casi siempre que nos vemos, pero esta vez, y sobre todo, también de su presente, sus preocupaciones y su forma de ver la vida. No cabe duda que somos de generaciones diferentes, claro está, aunque no menos cierto es que nos encontramos en más puntos que en los que me podía imaginar.
Compartimos 3 horas mágicas e íntimas, diferentes a las normales. Me empapé de sensaciones que supongo en breve echaré de menos. Es ley de vida.
Llegamos. Nos acomodamos en la pensión que otras veces compartió con mi padre. Allí nos recibió María, la casera, y un brillo de los ojos brotó de una y de otra. Su ausencia estaba muy presente, como siempre. Yo le recordaba mucho e él.
Comimos en el bar-restaurante de siempre. Más brillos, más ausencias, más recuerdos.
Por la tarde, después de una siesta, fuimos a ver a los vecinos de antaño. Los amigos que no dejan de ser pese a las distancias y los tiempos. Están igual que siempre, cariñosos, sencillos, cercanos, entrañables.
En poco nos pusieron al día:
 El “gorrión” murió de repente. Ya era mayor claro, y tenía aquello que nunca le supieron tratar. Su mujer, a los 3 meses, también murió. A nadie le sorprendió. Ella, tan sola. Claro, sus hijos se fueron hace años a la ciudad y venían de cuando en cuando a visitarles. Ahora la casa la tienen a la venta, ya veremos. Pilar, la mujer del panadero, también murió. Ya llevaba mucho tiempo malita. Hacia 2 años le detectaron un tumor, ya muy tarde, como siempre. Pero murió tranquila, más o menos, hazte a la idea, claro. El está bien, trabajando mucho, de sol a sol, con sus 2 hijos y la pequeña que le lleva las cuentas y todo eso. Se le ve triste, normal. Manuel, ¿te acuerdas, el del estanco? Ese está en capilla, algo malo de la sangre. Una cosa rara, vete tu a saber, toda la vida en aquella fábrica, respirando esa porquería. Por algo le concedieron el estanco, para callar bocas y apaciguar conciencias. Carmen, su mujer, es la que lleva ahora el negocio. Pero tampoco anda muy allá, va teniendo sus años, como todos.
Así pasó un buen rato, enterrando a unos y encamando a otros mientras sus miradas se encontraban con cariño y sus manos se tocaban y acariciaban para cerciorarse de su presencia, de que aquello no fuera otro sueño de reencuentros, que seguían todos vivos, que aún se tenían.
Con el paso de las horas, las emociones se afincaron serenas, y el disfrute se hizo pleno y sin miedo al espejismo. Compartimos lo que tenían y lo que llevamos, y sobre todo, nos compartimos. Yo como algo más ajeno por el tiempo pero más cercano por la herencia. No podían evitar ver en mi,  la ausencia de mi padre.
2 noches y 3 días recorriendo calles y recuerdos, dando abrazos, besos y achuchones. Llenando por instantes vidas ya casi consumidas.
El camino de regreso (otras 3 horas de coche), fue más silencioso, más recogido. Tratábamos de almacenar en la memoria cada instante de esos 3 días. Como si no se fuesen a vivir de nuevo. El sol calentaba la estancia del coche y solo los peajes rompían el estruendo de nuestros silencios. Yo la observaba de soslayo y veía en ella una sutil sonrisa de felicidad, de satisfacción, de añoranza. La línea discontinua de la autopista avanzaba perezosa y constante camino a casa. Ella a la suya, y yo la mía. Es ley de vida.

13 mar. 2012

Tesoro oculto

Entre las sombras de los recuerdos retomo gozos y sensaciones nunca olvidadas
Momentos del sutil roce de la plena felicidad que la vida nos otorga muy de cuando en cuando
Pasados que viven en un presente a pesar de las ausencias
El querer, permanece en la memoria
Un tesoro oculto disfrutado en la penumbra solitaria e interior
Tactos propios llevados a lo ajeno y compartido
Voces, ausentes de sonidos, murmullan alabanzas entre íntimos olores
Murmullan alabanzas entre tactos de seda húmeda
Entre armazones de acomodo
Luces ténues desdibujan un rostro y un cuerpo conocidos de memoria
Recorrido plenamente
Cierro el baúl con la certeza de volver a abrirlo
Solo yo tengo la llave

11 mar. 2012

Un amargo veneno

Con ojos cerrados contesto en silencio cuestiones dispares
Clausuro pasillos oscuros donde los gritos de disputas resuenan y rezuman sangre transparente
Donde cálidas ilusiones y expectativas de futuro se diluyen en presentes vacíos obligados a su existencia
Obligados a su avance, a su irremediable destrucción
Dicen que existe un amargo veneno
Como penas profundas
Como olas perdidas en la inmensidad de un océano
Dicen que existe un amargo veneno llamado esperanza

10 mar. 2012

Palabras flotantes

Palabras flotantes en un océano infinito se mecen en corrientes diseñadas
Palabras que recalan en islotes esparcidos, casi ajenos
Trozos de tierra sumergida con ansias de aire y sol
Desde los abismos luchan impulsadas por su afán de conocer
Recalan significados a tierra firme donde crecerán y se extinguirán
Otras, perdidas y baldías, yacerán en un fondo oscuro no carente de vida
Palabras flotantes, trozos de tierra, inmensidad profunda y oscura
Todo vida, todo pérdida, todo lucha, todo ansia, todo carencia
Todo vida, todo vida, todo vida